GAYS: MACHISTAS, CLASISTAS Y A DIETA



Me cansé de Grindr y los constantes estereotipos humanos a los que debemos apegarnos para ser galanes. Me cansé de no dar el ancho, el alto, el peso, los centímetros, el acento, la tes y hasta el posgrado. Me cansé de hablar con unos pectorales marcados y una verga de 19. Me cansé de mí mismo, de quererme y de aceptarme como soy. Me cansé de lamentarme por lo que nunca seré. Me cansé y tuve que mandar al carajo las citas por grindr, los mensajes pretenciosos, las divas, los machos, los esteroides y los millenials. Al final, el ambiente grindero terminó asqueándome.

Vivimos en un mundo comandado por la doble moral, repitiendo los errores contra los que “luchamos” en las marchas o en las discusiones en las que defendemos nuestros derechos como personas. En el ligue homosexual pervive una carnicería banal que termina reduciendo nuestra lucha, haciéndola absurda.


Mi experiencia en Grindr me ha formado la idea de que a los hombres gays nunca habrá quien nos dé gusto. En nuestra cabeza se ha grabado con hierro ardiente el patrón de la sensualidad y la masculinidad con el rostro de un modelo europeo al que difícilmente le llegamos el 80 % de los chicos en este país. Por si fuera poco, la guerra contra todo aquel que se comporta de forma “no masculina” se ha hecho corriente dentro de la misma comunidad. Está muy mal cuando un heterosexual te llama marica o puto. Pero es plausible y encantador cuando eres gay masculino y llamas loca o marica a otro gay por su comportamiento, su cuerpo o sus ideas.


Cada vez que leo “preferiría acostarme con una mujer antes que con un afeminado” intento imaginar si ese macho en potencia en verdad tiene la capacidad para hacer válidas sus palabras. Porque, si eres gay, ninguna mujer va a poder ofrecerte en la cama lo que un hombre. Es un pretexto absurdo que usamos con el único fin de agraviar y de demostrar nuestra homofobia interna.


Según nos han enseñado, la virilidad está enmarcada en la voz gruesa, la musculatura, el vello corporal, la forma de vestir, de hablar, los gustos, todo aquello que nos hace diferenciarnos de una mujer. Y entiendo también que estos conceptos construyen el erotismo del chico varonil. Yo mismo, al pensar en un hombre, busco lo “rudo” o lo “tosco”. Pero eso no me da derecho para considerar que lo que está por debajo tenga poco valor, poco atractivo o que deje de ser sensual.


Quiero dejar claro que este no es un discurso para abrir la mente de los homosexuales e inducirlos a que duerman con todo el que se les pone en frente. Hablo del poco respeto que existe entre nosotros provocado por la tendencia y la moda, por la ansiedad del físico perfecto, de la virilidad intachable.


Del mismo modo está la edad. Están los chavos, los chavo-rucos y los rucos. Los primeros repudian a los hombre maduros porque ¿a quién se le ocurriría pensar que un cuarentón sigue teniendo deseo sexual? Los segundos no quieren ser niñeras. Los últimos pasan de largo a otros hombres en su rango de edad, porque “me niego a crecer, me niego a aceptar que el cuerpo de mi semejante es igual de erótico que el del chavito de prepa”. ¿En serio?


Y sin lugar para la ausencia, no puede faltar el peso. ¿Cuántos chicos no han sido rechazados por los kilos que muestra la báscula? A veces no se trata sólo del sobre peso, sino del bajo peso. Los muy flacos y los muy gordos han de ser descartados del menú porque no están construidos ¡bajo estándares de “sanidad”!



Me quedó corto al enmarcar lo indeseables que nos hemos vuelto con el tiempo todos aquellos que formamos parte de la comunidad homosexual. ¿Alguna vez te has encontrado con perfiles clasistas? No bueno, como si te fueras a acostar con mi cartera... 

Nuestras relaciones están condicionadas de forma superflua. Tarde o temprano todo esto terminará por envenenarnos de soledad. Y sin embargo, bendito Grindr, te permites saber con quién no deseas relacionarte para el resto de tus días... La cama es otra cosa. Pero ¿estás seguro que darás el ancho a las exigencias del que está al otro lado del celular?

No hay comentarios:

Publicar un comentario