ALIADO Y ENEMIGO DEL AMOR: EL GAYDAR



Aseverar que todos los hombres gays poseemos una intuición especial para detectar a otros con nuestra misma orientación sexual, a veces puede hacernos caer en un error terrible. Pero otras, si la experiencia no nos falla, el resultado podría ser sorprendente. Analicemos pues los pros y los contras sobre esta famosa herramienta tan bien conocida dentro del ambiente LGBT como el gaydar.

Suele ocurrir que nuestra intuición se presta para que encontremos a otros hombres gay, bi o heteros curiosos entre quienes nos rodean, razón por la cual podemos sentirnos cómodos entre la sociedad, y es que gracias a ese gaydar podemos atrevernos a hablarle al chico nuevo, platicar con el primo sobre lo último que te ocurrió con fulanito o bien, cuando el radar es más diverso, hacerse de un círculo amistoso donde podemos incluir, por qué no, a amigas lesbianas, solamente porque hubo un no sé qué que nos dijo “ella es de los míos” o “a él le gusta comérsela doblada”. Porque se supone así es como trabaja este radar: nos enseña a reconocer modos de comportamiento con los cuales podemos encasillar la orientación sexual de un individuo.

Pero después de todo, solamente estamos encasillando y ese el principal problema. Además de ser uno de los hechos contra los que el hombre gay intenta luchar y hacerse de una libertad libre de prejuicios sociales, también nos empeñamos en aplicarlos al amigo, al conocido, al chico que vemos salir del antro. Entonces, el gaydar te dice que si él camina de forma femenina o viste con pantalones entallados, es gay. Que si su voz es un tanto aguda o su vocabulario deja notar conocimientos sobre temas que consideras “gay”, él por tanto tiene que ser de ambiente. Muchas veces, si tenemos un amigo que considera agradable salir a antros LGBT, pensamos que en alguna parte de su ser debe guardar deseos homosexuales. Y así nos vamos yendo, capaces de crear una lista de modos, preferencias o actitudes por los que una persona puede o no definirse: la música que escucha, los programas que ve, lugares que frecuenta, ropa que usa, círculo de amistades, nivel cultural o nivel monetario.

Pero ojo, no confundamos intuición con prejuicio. Si existe un gaydar no debe funcionar en base a las discriminaciones, sino a la virtud de saber detectar por lo que uno es personalmente. Puede ser cierto que aquel chico sea gay porque tiene la voz delgada, pero también puede ser un macho de lo peor. Puede que él prefiera ser soltero y tener menos preocupaciones, pero evitemos creer que su decisión está regida por algo de su orientación. Como ya he dicho, algunas veces estaremos errando garrafalmente y otras, por mera coincidencia o porque realmente somos buenos en eso de saber quién sí y quién no, que el chico que te gusta y que pensabas que se sentiría alagado si le decías lo bonitos que son sus ojos, pues es gay,  ¡y qué bien que lo sea!

El gaydar puede funcionarles a unos pero existen otros que no dan una, ni aunque tenga a 5 gays de frente. Si este es tu caso, la mejor forma que tienes para abrirte a otra persona y que ésta te corresponda, es hablando y conociendo. Te llevará tiempo, por supuesto, pues deberás esforzarte, ser sincero y recíproco con la confianza que depositen ambos y además, evitar ver al amigo con tabúes. Al final, si descubres si es o no es, al menos habrás cosechado una buena amistad.

No te ha pasado que a veces jurabas que el chico nuevo era gay porque por cualquier parte que lo mirarás, exudaba ese aire de jotería que eliminaba cualquier duda de sus preferencias. Y luego resulta, que mientras tú te hacías ilusiones viéndote a su lado en una noche romántica donde te confesaba su amor, él está pasando una noche intensa sí, pero con tu mejor amiga o con aquella otra a la que tanto odias.

¡Aguas con dar por hecho que el gaydar no fallará! Este puede ser tu aliado pero también la razón principal por la que no has encontrado al indicado.  
  

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