CINE GAY MEXICANO: "EL LUGAR SIN LÍMITES"



En 1966 el escritor chileno José Donoso edita por primera vez El lugar sin límites, una novela corta que narra la historia de Manuela, travesti dueña de un prostíbulo ubicado en las inmediaciones de Estación del Olivo, un pueblo de costumbres rurales, anticuado, un paraíso polvoriento que ha quedado detenido en el tiempo y que se resiste a dejarse arrastrar por la ola de modernidad que asola a las ciudades.

Pero no es la nostalgia y la resistencia el tema principal de esta novela extraordinaria de Donoso. En El lugar sin límites se nos pinta con lujo de detalles el tema de la prostitución. La novela es fiel y describe esta actividad milenaria, inmiscuyéndose en las vidas de los pobladores y prostitutas de El Olivo, haciendo de la historia algo natural.

En 1977 Arturo Ripstein, uno de los directores de cine que han consagrado esta bella arte en México (otra de sus famosas obras fue El castillo de la pureza) lleva a la pantalla grande la novela de Donoso. Multipremiada obra considerada por la crítica en el top 10 de las mejores películas que tiene el cine de oro. La película de Ripstein sigue de forma fiel el argumento de la novela, elabora imágenes nítidas de un pueblo humilde sumido en la soledad. Presenta un cuadro perfecto donde encaja el prostíbulo decadente de Manuela con la cotidianidad del desierto, lleno de gente fiera y melancólica, adaptada a sobrevivir en medio del desaire y la pobreza.

La película de Ripstein debe sus elogios gracias a las actuaciones excepcionales de Roberto Cobo, como la triste y extravagante Manuela, y el macho prepotente y libertino Pancho, interpretado por Gonzalo Vega, una de las estrellas fundamentales del cine y la televisión del país. Un reparto que se comparte con Ana Martín como La Japonesita, hija de la Manuela, y Lucha Villa como la madre y prostituta ya difunta, en el presente argumental de El lugar sin límites. Por no hacer menos sus actuaciones, pueden mencionarse también a Fernando Soler como Don Alejo, prácticamente el dueño del pueblo y a decir verdad, la causa principal de los males de la Manuela, y a Carmen Salinas en uno de sus pocos papeles más o menos decentes y memorables (por si creías que Carmen era Carmen por Aventurera, Hasta en las mejores familias…, la mamá de Nandito o la ebria Corcholata) en el que representa a Lucy, otra de las muchachas del prostíbulo que configuran un ambiente crudo pero adorable, allí en el entorno de esa casona inmoral que se cae de vieja pero que persiste sólo para complacer a las bestias de El Olivo.

Vale la pena echarle una mirada a El lugar sin límites y dejarse llevar por la belleza del cine mexicano, el buen cine mexicano que ha dejado huella en la cultura hispanohablante. Y por qué no, también en la cultura LGBTTI del país. El lugar sin límites no es solamente la historia de una travesti madura que lucha para mantener en pie su prostíbulo, sino además la historia del machismo mexicano que rechaza a toda costa la existencia de esa cosa llamada homosexualidad, mariconeria, rareza: la indecencia que debe ser exterminada sin importar el humanismo del individuo. 

Hay que hacer un merecido espacio a la película de Arturo Ripstein en la lista de obras en torno al “ser gay” en México. Y es que este cine gay no empieza con Milnubes de paz cercan el cielo  o El cielo dividido. La antecesora de todas éstas es El lugar sin límites y en ella queda registro de la cultura que nos ha tocado vivir a los gay mexicanos, entre el dolor que nos causa el rechazo social y la extravagancia de vivir con libertad nuestros instintos.

Les abro la invitación para que le den una oportunidad. Es un agasajo ver a Roberto Cobo interpretando el papel de Manuela, una guapa bailarina que perdura sobre lágrimas, miedo y grandes sueños. Y es que además, es la primera obra que desnuda al machismo mexicano para dejarlo al borde, donde se construyen los peores tabúes y se develan los verdaderos sentimientos de la homosexualidad o quizá la bisexualidad, como un secreto que se guarda debajo de los pantalones y que sólo brota cuando ya no se puede más, cuando es necesario torcer la hombría, para dejarse fundir, sin límites, en los labios de otro hombre.
Les dejo aquí la sinopsis:

La Manuela, un travesti, y su hija la Japonesita, poseen un prostíbulo en el pequeño pueblo del Olivo, cuyo cacique don Alejo, desea vender. Al regresar al pueblo Pancho, antiguo protegido del cacique y cliente del prostíbulo, tanto la Manuela como la Japonesita se ven atrapadas por los impulsos sexuales de aquél, Pancho al estar alcoholizado muestra realmente su lado homosexual con La Manuela quien sufre un final trágico cuando Pancho es criticado por su cuñado por haber besado en la boca a La Manuela.


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