EL NUEVO CINE PORNO O LA ERA ONLYFANS

¿La pornografía convencional está muerta? No, es falso que el cine para adultos esté extinto, cualquier visita a una página de reproducción de videos XXX responderá esta duda. Sin embargo, lo cierto es que este cine ha cambiado de manera drástica en la última década. Si hace diez años eran las casas productoras las encargadas de crear películas con sexo explícito, a este cine se han agregado nuevos y poderosos competidores: los amateur, personas que han llegado para sacar provecho de esta industria tan lucrativa. Para muestra, basta con visitar plataformas como Xtube, Xvideos y, actualmente, con más notoriedad, páginas como Onlyfans o Justforfans, pues estas últimas permiten a los usuarios cobrar por sus fotos y videos.
Páginas como Onlyfans están repletas de material hecho por actores de dos tipos: los profesionales que han optado por el trabajo independiente, y aquellos que no cuentan con experiencia en el cine de marca, y que por mero placer y para generar un ingreso, se han convertido en impulsores del cine pornográfico de nuestros días.
Aunque el cine para adultos no está en peligro de extinción, es evidente que la industria profesional tiene los días contados. ¿Te das cuenta de la cantidad de videos caseros disponibles en las redes? Y lo más llamativo, es que estos son protagonizados por personas comunes, como tú o como yo. Dicho esto, se debe matizar el término “personas comunes”, pues la mayoría de los actores son personas con cuerpos y rostros atractivos. En este sentido, los protagonistas mantienen una constante: vender la idea de la belleza y la perfección corporal. Pero hagamos de lado algo tan obvio, pues en lo que deseo centrarme es en el hecho de que la mayoría de los actores de cine casero jamás han trabajado para una casa productora. Si antes admirábamos a un actor muy conocido, u optábamos por películas de cierta marca, hoy nuestros gustos giran en torno a personas que podemos encontrar en la calle, el trabajo, la universidad o el supermercado, sin que su figura se distorsione por la ficción que suponen los personajes de la televisión o el cine. Creo que esto es bueno porque podría hacernos entender que los actores porno son personas comunes y que, por tanto, en la vida real tienen sexo común y no ese otro sexo, característico de las películas del pasado, que puede ser imposible y a menudo fantasioso,
Twitter se encarga de recordarnos que vivimos en la Era Onlyfans. En esta red social encontramos a los actores del nuevo cine para adultos, chicos o chicas que por razones personales han decidido incursionar en la pornografía a cambio de una remuneración. La mayoría de estos actores, además de trabajar frente a la cámara, tienen trabajos convencionales o, dependiendo del caso, también se dedican al sexo servicio, permitiendo que los fans puedan cumplir la fantasía de estar con ellos.
Es cierto, los temas que hemos tratado son polémicos. Algunos apoyan a las personas que tienen una cuenta en Onlyfans, y otros critican el hecho de monetizar el cuerpo y las relaciones sexuales. ¿Pero no es esta práctica algo con lo que hemos vivido desde hace siglos? La plataforma, considero, es solamente una evolución del cine para adultos, y si algo debemos ver de forma positiva, es que este nuevo cine opta por un retrato del sexo que es menos artificial.
¿Cuál es tu opinión al respecto? ¿Pagarías por ver la película de tu crush del trabajo teniendo sexo con su novio? ¿O prefieres consumir pornografía de forma gratuita en otro tipo de páginas?

CHEMSEX: ¿QUÉ DEBO TENER EN CUANTO SI DESEO EXPERIMENTARLO?


Ya no es extraño el uso de estimulantes en el acto sexual, al contrario, cada vez escuchamos más sobre el chemsex. Encabezan la lista los poppers y el cannabis como las sustancias más utilizadas, pero también sabemos que se ha propagado el consumo de otras drogas como la cocaina, el cristal, el éxtasis, la ketamina o la práctica del slam (inyectarse heroína). Este artículo no tiene como objetivo estigmatizar el chemsex. En cambio, es importante hablar sobre los riesgos y los factores que hacen que cada vez más hombres utilicen estos estimulantes. Para abordar este tema es necesario desprendernos de todos los estigmas que tenemos en torno a las drogas y sus usuarios, porque todo afán prohibicionista impide que se difunda mayor información al respecto, y por tanto, provoca que mayor sea el uso incorrecto de estas sustancias.

Cada vez existen más hombres dispuestos a experimentar con alguna droga durante el sexo. El porqué es un asunto personal, pero seguramente la mayor parte de los usuarios de alguna sustancia lo hacen para elevar las sensaciones durante el sexo, en principio, porque las drogas desinhiben, aumentan el libido y crean un efecto de éxtasis y euforia; estas sensaciones pueden ser tan placenteras que el usuario desea experimentarlas con mayor frecuencia, lo que permite el desarrollo de una adicción a la sustancia que se está usando. Sin embargo, esta adicción puede convertirse en una pesadilla. En cualquier momento la droga convencional llega a ser insuficiente, debido a que, cuando se consume con frecuencia, el cerebro comienza a exigir mayores dosis a fin de revivir las sensaciones. Para muchos, el aumento de la dosis sólo es preludio a la búsqueda de nuevas sustancias con efectos más potentes. Además, recuerda que los químicos pueden hacerte perder la noción de lo que estás haciendo, por lo que en momentos en los que mayor es su efecto, podrías olvidar usar condón o sufrir algún desgarre y sangrado, lo que abriría las posibilidades de adquirir alguna infección.

Es elección de cada persona el uso de drogas en el sexo. Si se decide consumir cualquier estimulante, se debe considerar la posibilidad de desarrollar una adicción que más adelante necesite un tratamiento de desintoxicación. Como adultos, sabemos los riesgos que conlleva el consumo de cualquier tipo de droga, por eso es importante hacerlo responsablemente. En este juego lo más importante es jamás perder el amor por uno mismo para que a la primera señal de alerta, sepamos detenernos y buscar ayuda. 

¿Es malo el chemsex? No si se es consciente de los riesgos y se evita convertirlo en un hábito. Si en algún momento sientes que el sexo en estado de sobriedad no te llena o no te provoca el placer necesario, no está demás considerar hablar con un psicólogo. Conversar sobre tus prácticas sexuales te ayudará a tener mayor perspectiva sobre tu vida a futuro, y entonces podrás responderte si en realidad te satisface el chemsex. Quizá lo único que necesitas es tomarte un descanso e intentar conocer a otros chicos con quienes experimentar plenamente del sexo sin la necesidad de consumir alguna sustancia. 

Pero si realmente te gusta combinar el sexo con alguna droga, está en ti la capacidad de fijar tus propios límites para que a la larga esta práctica no te provoque alguna enfermedad o adicción. Como he dicho, de nada sirve satanizar el chemsex. Si se practica, sólo hay que tener cuidado. No está mal recurrir algunas veces al uso de estimulantes. Entre homosexuales como heterosexuales, el chemsex se ha convertido en algo constante. Hay quienes sólo usan poppers, otros prefieren viagra (aunque no lo necesiten) o cannabis, y quienes han entrado en un mundo de drogas que necesitan mayor control. El consejo que puedo ofrecerte es que, si decides tener chemsex, investigues un poco sobre cómo consumir cualquier droga para saber con qué no debes combinarlo y cuánta es la dosis recomendada. Cada cuerpo es diferente y por eso también es importante escuchar a tu cuerpo: si algo va mal con alguna droga, tu organismo te lo dirá.

Si deseas conocer más sobre el mundo del chemsex y sus implicaciones, te recomendamos este documental.

DESEO CONTRATAR A UN ESCORT, PERO NO SÉ SI ESTÁ BIEN HACERLO




El siguiente artículo tiene como fin hablar sobre la prostitución masculina desde una postura informativa, respetando los márgenes legales. En ningún momento se promueve la explotación y la trata de blancas.


La vida sexual de los hombres gays no suele ser complicada en nuestros días. Cientos de chicos mayores de edad se conectan diariamente a Grindr en busca de encuentros casuales, amistades y también del amor. El ligue de ahora no es el mismo de hace 15 años y mucho menos de hace 30. Hay quienes tuvieron que lidiar con la falta de canales para conocer a otros con sus preferencias y tuvieron que vivir a contracorriente, buscando ligue a través de las amistades, las fiestas, la disco o el cruising. Otra generación creció con las salas de chat y una nueva con las apps como Grindr. Podríamos decir que hoy en día cualquiera que desee tener sexo con otro hombre, puede conectarse a una app para concretar un encuentro. Así de sencillo. Pero lo cierto es que en el mundo homosexual no a todos los hombres les resulta fácil tener sexo casual. En nuestra comunidad existimos hombres extrovertidos e introvertidos; hombres guapos, hombres promedio y hombres poco agraciados por la naturaleza. No pretendo hablar con banalidad, sino exponer la variedad de hombres y sus posibilidades de tener sexo. A menudo, creemos que aquellos con menos dotes físicos o emocionales son quienes menos sexo tienen y los que más contactan con sexo servidores.

¿Será cierto que la lista de los clientes frecuentes de los escort son los hombres menos agraciados, los de mayor edad o los más tímidos? Me parece que ésta es una idea sesgada que en nuestro días va siendo desmitificada. Y es que no podemos conjeturar que la clientela de los sexo servidores se reduce, simplemente, a los hombres con menos posibilidades en el ligue. En realidad, existen más factores que debemos considerar: el poder adquisitivo, por supuesto, porque sin dinero no puede haber lujos de esta clase; la fantasía y el morbo, porque definitivamente hay quienes acuden a los escorts por gusto y porque, a través de sus servicios, pueden cumplir alguna fantasía personal; y por qué no, también puede ser una forma de renovar la vida sexual de las parejas, pues contratar a un escort para tener un trío puede ser una manera de llevar a cabo una de las fantasías preferidas por los homosexuales. y no debemos descartar también que existen hombres con miedo a experimentar alguna fantasía o fetiche y que un sexo servidor puede ser el único para llevarla a cabo, ya sea porque no se desea hablar de esto con la pareja, por la soltería o por el temor al qué dirán.

Contratar un escort no se debe solamente a las posibilidades del físico, la edad o las habilidades sociales. Si has tenido o tienes justo ahora la fantasía de vivir una experiencia con algún sexo servidor, es bueno que sepas que no eres una persona perversa o necesitada de amor. Y si lo único que te falta para llevarla a cabo es valor, tómate tu tiempo y analiza a conciencia porqué deseas tener un encuentro sexual de este tipo. Y ya que estés decidido, también debes tomarte tu tiempo para elegir al chico adecuado. En internet existen páginas en donde los escorts promocionan sus servicios. Será mejor que te asegures de que la página sea legítima, para que no te lleves sorpresas con estafadores.

Nunca está demás tener en cuenta los siguientes puntos al momento de contratar a un sexo servidor. Primero, se precavido tanto como puedas. Nunca deposites por adelantado a quien te ofrezca sus servicios, por más real y sexy que se vea. Lee bien los términos de uso de las páginas que ofrecen estos servicios, para que sepas lo que debes tener en cuenta sobre lo que realmente te ofrecen. Por lo general, los chicos que ofrecen sexo a cambio de dinero a través de las plataformas digitales lo hacen por gusto y sin que alguien los obligue. Es muy importante tener esto en cuenta, pues recuerda que es un delito contratar servicios sexuales que sean obligados por alguien más, pues esto representa explotación sexual. Siempre que el escort ofrezca su servicio por su cuenta, puedes estar tranquilo. Y repito, en la prostitución masculina es poco común que se trabaje para alguien más, los chicos son independientes y no responden a nadie.

Si quieres contratar a un escort, procura tener una conversación antes y nunca apures las cosas. Cuestiónale cuáles son los costos de sus servicios y qué incluyen, cuáles son las formas de pago, en dónde da el servicio y cuál es su duración. Probablemente el chico cuente con lugar para darte el servicio, pero debes indagar bien su ubicación. Si lo prefieres, pueden encontrarse en un hotel de tu elección. Si puedes verlo llegar y asegurarte de que viene solo, estarás más tranquilo. Nunca lleves cosas de valor más que lo necesario: el dinero del arancel que deberás pagarle al chico que contratas y un celular con el que puedas comunicarte en caso de emergencia. Si confías en alguien, puedes comentarle en dónde estarás, la hora y con quien. Con estos pasos no pretendo infundirte temor, sino ayudarte a que tu primera experiencia sea placentera y sin incidentes. Muchas veces nos dejamos guiar por el físico de la persona y no nos preocupamos por nada más, pero lamentablemente en el mundo existen riesgos que debemos considerar. Si has tomado la iniciativa de estar con un sexo servidor, pon tu seguridad por delante.

En cuestión de medios para contactar con sexo servidores, probablemente la forma más asequible sean las páginas de internet. Sin embargo, hay quienes prefieren buscar estos servicios en la calle. Si sabes de alguna ubicación de prostitución masculina, no acudas a altas horas de la noche ni a lugares apartados y desolados. Si tienes auto, no subas a cualquiera, asegurarte de hablar antes con el chico y si algo no te cuadra y te hace desconfiar, es mejor que no sigas. Y en general, sea que contrates los servicios de un escort, nunca, por ningún motivo, aceptes cualquier bebida o estimulante que él te ofrezca. Si quieres tomar alcohol o usar otra cosa, asegúrate de ser quien los compre, para evitar consumir algo adulterado. 

Si estás analizando contratar un servicio sexual, no te sientas avergonzado, eso es lo importante. Toma en cuenta que casa chico tiene una cuota que él fija según considere que represente el valor de su trabajo. No regatees, si él te da un precio, no le pidas que lo rebaje, no te está ofreciendo cualquier cosa sino un rato de placer, para muchos escort es indignante que no valores su trabajo. Además, si podrás tener un rato de liberación y satisfacer tus necesidades físicas, ten en cuenta que así como pagas por un servicio y esperas que sea bueno, el escort, por su parte, espera que tú seas respetuoso y lo trates dignamente. Mientras no se fije una postura de poder, ambos son iguales y deben tratarse con respeto. Ahora que si lo buscas para tener una relación sexual en donde el sexo servidor ejerza dominación sobre ti, o tú hacia él, pongan reglas y límites claros. Desde un encuentro que conlleve sexo oral, caricias, besos, penetración o la realización de fantasías sexuales, todo debe suceder bajo un ambiente libre de tensiones, para que al final sepas que lo que has invertido en ese encuentro ha valido cada billete. 

LA COLUMNA DE LOS CLANDESTINOS XII: CIBER SECRET




Secret está ubicado en la calle de Insurgentes con número 468B y es un espacio de encuentros sexuales para hombres en donde no faltan las cabinas con computadoras, además de un cuarto oscuro. El espacio está pensado para un público amplio, pues a diferencia de Ciber Open (de los mismos dueños de Secret) al que acuden solamente hombres, en Secret pueden entrar mujeres trans y travestis. Sin embargo, la afluencia de chicas es escasa, y la mayoría del tiempo sólo encontrarás hombres. La edad de los asistentes suele variar, pues acuden chicos de 18 años de edad, hombres en sus veintes y treintas, así como los tradicionales tones: hombres maduros de mas de 40 años. El ambiente es relajado porque Secret es un espacio abierto y se permite el acceso a todos los hombres que deseen ir a pasar un momento agradable, íntimo y discreto. No es un espacio apto para la discriminación, como pudiera parecer en otros sitios de encuentro en nuestra ciudad. Si deseas ir a Secret, debes saber que te encontrarás con adultos de todas las edades y, de vez en cuando, con alguien de la comunidad trans.

Puntos a favor: adentro puedes comprar cerveza, agua o refresco a precios sencillos. Quienes atienden el lugar son amables, y ya son conocidos en San Luis porque, como he dicho, son parte de Ciber Open. Algo que me gusta de este lugar es que entre los asistentes suele haber hombres de tipo chacal y mayate, seguramente con vida personal de heterosexuales. Además, por ser un ambiente más abierto, son menos frecuentes los poser, es decir, aquellos chicos que sólo van a mirar. Otro punto a tener en cuentas son las fiestas en bóxer que organiza Secret, del mismo modo que Open. Adentro del ciber suelen poner anuncios sobre las fiestas, y en sus redes sociales también las difunden. Las orgifiestas incluyen gogos que bailan al desnudo, adentro puedes beber y convivir en los espacios oscuros. Además, allí puedes comprar poppers a precios justos y eso se agradece mucho.

Los puntos en contra: suele haber poca afluencia de gente, pues el estilo de Secret no es para todos. Incluso así, con poca afluencia me refiero a que a veces puede haber 20 chicos, a veces 10, a veces 30. Esto, sin embargo, no es algo extraño en San Luis Potosí, pues aunque tenemos varios lugares de este tipo, son poco frecuentados. Otro punto que me parece jugarle en contra a Secret es el tema de la limpieza adentro de las cabinas: las máquinas están desgastadas, a veces sucias, algunas sillas ya estás rotas o las puertas no cierran del todo bien. La limpieza, vale aclarar, no sólo es asunto del lugar, sino de la conducta de quienes asisten, pues muchos no se preocupan por tirar los condones o papeles en un cesto de basura. Pero esto también quiero aclararlo, el lugar no es sucio en sí, siempre me toca ver a los chicos que atienden darse una vuelta a las cabinas y el cuarto oscuro para aromatizar, y la sala que tiene en la primera sección, donde ponen música y videos musicales, es una zona limpia. El asunto con Secret es que se trata de un local estilo bodega que es viejo, por eso es que el lugar luce algo descuidado.

La zona en la que se ubica me parece accesible, ya sea que ingreses por la Av. Juan Sarabia Eje Vial, o por la avenida 20 de noviembre. El Barrio es popular, así que si vas de tarde-noche es mejor llevar solamente lo necesario y nada de valor. Hasta el momento no he escuchado de asaltos, pero es mejor prevenir.

Espacios como Secret suelen ser necesarios para la comunidad gay y HSH de nuestra ciudad. Aunque de estilo descuidado, Secret es un ciber al que acuden hombres que quieren pasar un momento de placer con hombres de su tipo, entre los que se encuentran hombres maduros, hombres que no quieren que nadie sepa que les gusta el sexo con hombres, o chicas trans o travestis que quieren ir a convivir. Todos tenemos sexo y es necesario que respetemos las necesidades de los demás. Si Secret no es tu estilo, siempre tendrás Open, que es para un público exclusivamente masculino y que suele tener más jóvenes que maduros.

El precio de Secret es sumamente accesible: 30 pesos la entrada y este pago te permite pasar todo el tiempo que quieras adentro de las instalaciones. No tengo el dato de sus horarios de apertura, pero seguro que después del mediodía ya está abierto. Su horario de cierre, si no me equivoco, es a las 10, más tardar a las 11.

SEXO Y RELACIONES HOMOERÓTICAS CON HOMBRES CASADOS, BISEXUALES Y HOMBRES QUE TIENEN SEXO CON OTROS HOMBRES (HSH)


Hace unos días le echaba una mirada a mis contactos de Whatsapp, como cualquier ocioso con tiempo libre, cuando de esa lista llamó mi atención una imagen de perfil particular. En ella estaba F, uno de mis ligues, acompañado de su novia, de quien ya me había hablado. La bisexualidad de F nunca fue un secreto para mí, acordamos tener  comunicación en secreto, algo que más que desilusionarme, me resultó excitante. Fue F quien me contactó a través de una página, recuerdo que al principio, al ver su perfil, sin foto de rostro, lo primero que me atrapó fue su descripción, porque parecía que F era alguien con fantasías sexuales intensas pero reprimidas. Su carácter, dominante y atrevido, y además fetichista, me atrapó por completo. Iniciamos conversación por Whatsapp y fue hasta entonces que pude ver su rostro. Honestamente, no esperaba que F fuera tan guapo y que estuviera interesado en conocerme.

Nuestra interacción por medio de mensajes fue intensa, llena de cachondería, intercambio de foros, mensajes de voz y vídeos, todo con la condición de que jamás hablaría de nuestra relación con nadie. Yo fui leal y me adecué a sus reglas: nunca ser yo el que le mandara un mensaje, respetar su vida personal, entender que su interés por mí era puramente sexual y que la posibilidad de llegar a conocernos en persona era de 1 en 1000. Al principio ninguna de estas reglas me resultó molesta, pero debo aceptar que con los meses la adrenalina y el morbo de tener una relación secreta con un hombre bisexual pasó del éxtasis al franco desinterés. Las semanas para volver a tener noticias de él se extendían demasiado, o aquellas veces en que él quería conversar o enviarme algunas fotos yo estaba ocupado.

Los meses pasaron y parecía que todo había terminado. Mantuve a F en mi lista de contactos, pero todo apuntaba a que él no volvería a comunicarse. Recuerdo que la últimas vez que habíamos hablado, él no hizo más que contarme de las peleas con su novia y de su temor a que leyera nuestros whatsapps. Para no ser un problema en su vida, decidí dar por muerta nuestra relación, pero 7 meses después de nuestro último mensaje, F se comunicó para decirme que estaría unos días de vacaciones en la ciudad y que quería conocerme. Me sorprendió volver a tener noticias de F, y aunque el solo hecho de imaginarme a su lado, después de haberlo deseado tanto, me provocó una gran erección, yo sentía que todo el plan quedaría en el aire. Aun así, le seguí la corriente e hicimos planes, con la esperanza de que nuestro encuentro se hiciese realidad. 

Después de una serie de imprevistos, la mañana de un sábado estaba frente a la puerta de su habitación de hotel, tras haber seguido una serie de indicaciones de mi príncipe caprichoso. Estábamos a apunto de llevar a cabo una fantasía de la que habíamos hablado durante meses por Whatsapp. Y sí, esta historia tiene un final feliz, al menos en términos sexuales. De forma precipitada, y prendidos por la adrenalina de ser descubiertos, nos desnudamos y nos entregamos el uno al otro con rabia sexual. F era el hombre dominante de su perfil en internet, capaz de hacerme perder la cabeza al cumplir sus deseos. Debo confesar que todo eso me fue suficiente, porque después de todo, F vio en mí la única posibilidad de cumplir un deseo reprimido por estar con un hombre, de vivir algo prohibido y desatar tantas emociones que habían estado enjauladas, porque sí, él decidió llevar una vida heterosexual ante la sociedad. Para F yo no fui más que un objeto de deseo, pero a su lado mi cuerpo y mi mente sintieron un placer indescriptible. Era la primera vez que tenía sexo con un chico emparejado con una mujer. Y no ha sido la última.

Desde que tengo una vida sexual activa he platicado con toda clase de chicos, pero debo admitir que los hombres con vida heterosexual me resultan más atractivos. Quizá por el tema de lo prohibido, por masoquismo o simplemente por las implicaciones. Uno de mis grandes amores en mis años de preparatoria fue un chico heterosexual al que jamás pude hablarle o hacerle saber de mi existencia, y quizá desde ese momento aprendí a amar y desear a esta clase de hombres con los que es imposible tener alguna clase de relación íntima. Sin embargo, acepto que detesto cuando alguien intenta llevarse a un heterosexual a la cama, ya sea embriagándolos, comprándoles regalos, haciéndoles favores o préstamos o convirtiéndose en sus mecenas, y todo a cambios de un favor sexual, aunque ese hombre no sienta el mismo placer.

Por lo anterior es que prefiero ser prudente al buscar a esta clase de hombres que, de una forma u otra, les gusta tener sexo con otros hombres. Y ojo, estos no tienen que ser bisexuales o heterosexuales, simplemente deben llevar una vida social como heteros. Es cierto, muchos de ellos son homosexuales reprimidos que jamás aceptarán su orientación sexual, pero he aprendido que yo no soy nadie para juzgar su elección y que sus motivos no son de mi incumbencia.

Uno de las realidades que he descubierto al relacionarme con esta clase de hombres, es saber que existe una gran cantidad de ellos. Por un lado, es muy triste que la homofobia social y la internalizada estén tan extendidas; la homofobia obliga a muchos hombres a vivir vidas dobles, reprimir su sexualidad y convertirse en personas atormentadas que tienden a la depresión, la infidelidad e incluso a relaciones sexuales de riesgo. Muchas de las mujeres que viven con VIH o VPP lo han adquirido a través de sus parejas estables, y aunque no he encontrado una estadística, estoy casi seguro de que muchas de sus parejas tuvieron alguna vez sexo desprotegido con otros hombres.

En Cuba los hombres heterosexuales que tiene sexo con otros hombres a cambio de dinero son algo común, esto es conocido entre sus familias y sus parejas. El llamado pinguero, un sexo servidor, es aquel que trabaja en el mercado sexual para ganar mejores ingresos en un país tan consumido por la pobreza. Ya es sabido que muchos de los turistas homosexuales que viajan a Cuba, lo hacen con el objetivo de tener sexo con hombres heterosexuales, bisexuales y homosexuales. Y en México ocurre algo parecido: aquí, los famosos chichifos, mayates y chacales, encuentran una oportunidad de trabajo en el sexo servicio.

Pero la satisfacción personal es muy diferente. Mi fijación siempre han sido los hombres que tienen sexo con otros hombres por placer y no por beneficio monetario. Y como ya lo he dicho. Por medio de clasificados que he dejado en páginas de internet o Facebook buscando hombres casados para tener encuentros sexuales, he llegado a conocer a varios de mis ligues. De las mejores experiencias que he tenido, además de F, también recuerdo a un futbolista, a un chico de 19 años recién casado, a un fraile franciscano e incluso a un casado sadomasoquista y a quien meses después me encontré en el autobús, mientras él llevaba a su hijo a la escuela. También conocí a un policía que me llevó a su casa y lo hicimos en la misma cama donde todas las noches dormía con su esposa. Recuerdo claramente cuando él me dijo, mientras me bajaba los pantalones, “No sabes cuánto había deseado esto”.

Creo francamente que la mayoría de los cazadores de casados o heteros no saben distinguir entre lo casual y lo sentimental de estas relaciones, y por eso cometen la  equivocación de convertirse en una molestia para sus parejas, al ser insistentes, demandantes de su tiempo e incluso intrusos de su vida familiar. Al hombre con vida hetero lo que menos le interesa es ser descubierto por su pareja o familiares y por eso hay que saber separar lo que es sólo sexo y lo que es su vida.

¿Qué he conocido con el tiempo sobre los perfiles de esta clase de chicos? Cosas tan sencillas y cotidianas como su vida de padres de familia, que son hombres conservadores, a veces con marcada actitud homofóbica, a fin de proteger su doble identidad. Algunos son novios realmente enamorados de sus novias o esposas; pueden ser mujeriegos; no faltan aquellos que fantasean con las mujeres trans o los travestis. La mayoría de ellos son hombres hipermasculinos, dominantes, con una sexualidad explosiva y con deseos que ansían cumplir con otros hombres.

Pero lo mejor de todo esto es convertirme por una hora, unos meses o una vida, en su secreto mejor guardado, en su confidente, compadre o funda, la persona con la que un hombre casado o hetero puede desfogar las necesidades de su cuerpo. Hay algunos heterosexuales que aman ser pasivos en la cama, otros que son versátiles y están dispuestos a experimentar, y otros exclusivamente activos que jamás permitirían que les acariciaras las nalgas o les sugirieras que sean delicados. Admito que el simple hecho de poder darle un beso negro a un heterosexual es de las cosas que más me prenden, pues la mayoría de ellos tienen una vergüenza increíble por su ano, pero cuando te ganas su confianza y les enseñas la magia del anilingus, se vuelven locos.

Al final, me despido de ellos y sé que a la mayoría no los volveré a ver, pero hay otros con quienes, después del sexo, se da una relación de amistad y de sexo recurrente. A F lo mantengo en mis contactos de Whatsapp, con la esperanza de que algún día me vuelva a buscar. Pero mientras así no suceda, yo no intentaré buscarlo, pues es mejor guardar la distancia y respetar la vida personal que él ha elegido.

Esta es la vida de un cazador de lo prohibido.

TESTIMONIO DE UN INFIEL EN REHABILITACIÓN


Soy de esos infieles que intentan dejar de serlo. Hace dos años inicié una relación con un chico y mi mayor miedo era ponerle el cuerno, porque estaba en mi modo de ser el sentirme atraído hacia el engaño. Es así de simple. Ni siquiera tenía que existir un motivo para engañar a mis novios, a veces simplemente me entraban las ganas de tener sexo, y  las redes sociales estaban allí, a la mano, y mi chico tan lejos. La verdad es cruel, pero nunca sentí remordimiento. Lo sé, moralmente soy un asco de persona. Afortunadamente, en aquella relación jamás fui infiel, porque me convencí de hacer las cosas bien y me propuse que no volvería a ser infiel.

De algún modo, la relación no funcionó y todo fue en picada, hasta que finalmente decidimos romper. Creo que él me consideró aburrido o poco interesante. No lo sé. Y no dejo de pensar que si hubiera sido infiel, a lo mejor mi relación con él hubiera funcionado. Y es que ya me había sucedido otras veces. Antes de conocer a este chico, tuve una relación que duró varios años, y mi lista de infidelidades creció a tal punto, que ahora mismo me cuesta hacer un conteo sobre todos los chicos con los que le puse el cuerno a mi ex. Todo comenzó desde la vez que conocí a un chico al que le agradé, él me invitó a salir y terminamos cogiendo. A partir de entonces no pude dejar de engañar a mi novio, porque la adrenalina se convirtió en una droga para mí. Me encantaba la sensación de hacer algo prohibido y recibir placer. Jamás sentí remordimiento y puedo decir que fui un maestro al evitar que mi novio se diera cuenta. A veces, sentía que lo engañaba por todos los problemas que teníamos como pareja, por esos conflictos graves y sencillos que hacían estresante e incómoda nuestra relación. Pero otras veces estábamos bien, había amor de por medio y a su lado me sentía el hombre más feliz de la Tierra. Con todo, los engaños seguían. No puedo decir que lo hacía cada semana, pero quizá ocurría cada dos meses: yo me iba a la cama con alguien más, disfrutaba el sexo prohibido, y creía que era igual de placentero que coger con mi pareja. 

Siempre fue igual: luego de tener sexo, yo volvía a mi vida habitual. Mi noviazgo funcionaba de maravilla, y cuando reflexionaba sobre lo que estaba pasando, de lo duro que significaba el engaño, me convencía de que mi relación funcionaba porque yo era infiel. Acostarme con otros me prevenía de la rutina, y me hacía valorar más a mi novio, pues lo que tenía con él, la confianza, los momentos, la familiaridad, eran algo que no encontraba con mis acostones. Mi vida era tan parecida a la descrita en La insoportable levedad del ser versión homosexual. Cuantos más acostones tenía con otros, más duradero era mi noviazgo.

Cualquiera pude tacharme de promiscuo y cruel. Yo mismo sentía que sólo me justificaba para sentirme menos responsable de una conducta destructiva, si así se le quiere ver.

Lo cierto es que mis motivos son los motivos para muchos infieles. Y mi realidad también es la de aquellos que, durante años, se han acostado con otras personas, mientras mantienen una relación duradera, armoniosa y funcional: y todo gracias al arte del engaño que requiere no sólo la capacidad de evitar que tu pareja se dé cuenta, también se necesita saber confrontar la culpa y vivir con ella. 

Pero luego de tantos años como infiel incorregible, me di cuenta de que, a mi edad, el engaño dejó de ser atractivo como lo fue en mis 20’s. Ahora, por irónico que parezca, deseo una relación donde pueda  entregarme sin necesidad de ser infiel. Al principio me impuse este deseo como si fuera un reto; pensaba que me hacía falta probar la fidelidad y enamorarme de ella, convertirme en un respetuoso de la moral y enaltecer los valores que me inculcaron mis padres. Pero luego me di cuenta de que esto era tonto y superficial, y que debía ser fiel no como un reto, sino como una forma de ser honesto conmigo mismo. Así, terminé por aceptar que una parte de mí buscaba el engaño porque yo me sentía vacío, que había algunos problemas por resolver con el psicólogo para entender que yo era adicto a la atención de los demás, por motivos familiares de los que prefiero no hablar.

A veces siento que mi próxima relación será la indicada para que pueda amar de verdad, pero temo que el karma descargue su ira sobre mí, mostrándome la otra cara de la moneda, en la que seré el engañado. Sé que muchos se identificarán con mi historia y que a otros les provocará coraje. Si bien, sigo firme en la idea de que mi próxima relación será totalmente honesta y estaré abierto a que ésta prospere o truene por causas ajenas al engaño, al menos de mi parte, también sé que todos tenemos secretos que esconder y un pasado que puede ser oscuro. Simplemente hay que aceptarlo y aprender algo bueno de él. En mi caso, considero que mi pasado me ha enseñado a conocer quién soy en verdad y cuáles son mis límites personales. Sólo a través de esas experiencias es que he podido llegar a la determinación de acabar con mi conducta deshonesta.

UNA REFLEXION SOBRE MI VIDA CON VIH A TRAVÉS DE “PEDRO” (2008)


En 1994 el cubano americano Pedro Zamora se convirtió en la primera persona viviendo con VIH que abiertamente exponía su diagnóstico ante un show televisivo, “The real world” de MTV. Había pasado una década desde que se escucharan los primeros casos del famoso cáncer rosa, que se sabría se trataba más bien del VIH, responsable del sida que ha fulminado la vida de millones en todo el mundo. Pedro, un chico carismático, atractivo e inteligente, fue una figura que cambió muchas cosas en los Estados Unidos desde que su lucha privada se hizo pública tan sólo atreverse a aparecer ante un programa visto por miles en toda la Unión Americana. Unos meses después de que pisara la casa de San Francisco, precisamente el día en que se transmitía el último capítulo del reality, Pedro murió en su hogar debido a una leucoencefalopatía multifocal progresiva asociada a su condición de sida.

Su aparición sirvió para exponer la humanidad de aquellas personas seropositivas que en aquellos años eran terriblemente discriminadas. Quizá en la actualidad ese rechazo se haya suavizado en cierta medida debido a los programas de capacitación entre el personal de salud, así como los impuestos por los gobiernos para educar a la población en general, y en mayor medida por el trabajo que han hecho miles de activistas y defensores de derechos humanos que viven con VIH o que se asocian a la causa. Precisamente el papel que Pedro desempeñó, sin saberlo, fue acercar a una población ignorante a la vida de alguien que vivía en carne propia el drama del VIH, con todo lo que ello conllevaba: el desquicio en “The Real World” de chicos asustados al vivir con un seropositivo, el desconocimiento de las verdaderas causas de transmisión, y la armonización que logró Pedro y compañeros al educarlos pacientemente sobre la historia del virus, rompiendo una serie de mitos en torno a su condición de vida.

En 2008 la misma compañía que produjo “The Real World”, llevó a la pantalla su historia en "Pedro". Fue dirigida por Nick Oceano y escrita por Dustin Lance Black (el mismo escritor de “Milk”) y Paris Barclay. Alex Loynaz encarnó a Pedro. En el filme podemos apreciar algunos momentos de la vida del joven mucho tiempo antes de su aparición en el reality show, como la llegada de su familia a los Estados Unidos desde Cuba como refugiados, su niñez y parte de su intensa adolescencia. Algunos críticos coinciden en que la película no retrata con exactitud a Pedro, quizá debido al carácter morboso con el que tratan el tema de su homosexualidad, en el que hay lugar a la interpretación de Pedro como un adolescente que adquiere VIH debido a una vida de intensa actividad sexual.

Sin embargo, considero que la realización del filme sirve como adición a la videoteca de vidas y personajes de personas seropositivas que fueron y serán protagonistas y dignificadoras de nuestra lucha. Sólo por el hecho de ser una historia próxima con la que muchos podríamos sentirnos identificados, vale la pena tomarla en cuenta.

Recuerdo que ver “Pedro” me dejó un sentimiento de inquietud que me duró varios días. La película es fácil de digerir porque no vemos el dramático proceso terminal de Pedro más que en pocos minutos. La película se centra en sus logros, y es de agradecerse el no cosificar al seropositivo sino dar pie a que exista una historia humana que contar.

Pero el simple hecho de ver a alguien tan joven perder la batalla, teniendo asegurado un futuro exitoso de haber seguido viviendo, me dejó pasmado y triste, meditabundo. No dejaba de preguntarme sobre todas las historias de las personas que tuvieron la desdicha de adquirir VIH en la década de los ochenta, de todos aquellos que jamás pudieron acceder a un tratamiento antiretroviral como el que tenemos hoy en día, o aquellos que fueron echados de sus casas, de sus trabajos, aislados de sus familias, amigos y sociedad. De aquellos que al morir fueron puestos en bolsas de basura y cremados. Aquellos homosexuales asustados por la muerte inminente, o deprimidos al saber que su futuro les había sido arrebatado. Creo que ese fue el drama que muchos vivieron y que hoy es difícil entender debido a los adelantos en la medicina.

Quizá estos pensamientos abrumadores se debieron a que el día en que me enteré que tenía VIH no fue precisamente una experiencia traumática, como ocurre con muchas otras personas. Al escuchar el diagnóstico de la doctora, sí, sentí escalofríos, pero acepté la realidad sabiendo que había tenido relaciones de riesgo en el pasado. Siempre había estado en mi cabeza la posibilidad de que viviera con VIH, pero no fue hasta ese día al tener por escrita la realidad, que supe cuál era mi futuro y que no me quedaba de otra más que salir adelante. Me concentré tanto en la meta que a pocos meses logré recuperarme casi al 100% de las condiciones deplorables en las que había llegado al hospital: anemia severa, pérdida de 10 kilos en menos de un mes, sólo 50 CD4 y millones de copias de VIH en mi organismo. Nunca me puse a pensar que todo esto junto era una carga tan pesada y que para muchos sería imposible de vencer. En mis pensamientos reinaba la idea de no dejarme caer, y puedo decir que lo logré, recuperé mi salud física y emocional, recupere mi confianza y volví a quererme tal cual soy. Esto no sólo se reflejó en mi físico, sino en las cosas buenas que vinieron durante los años siguientes, hasta el día de hoy, en los que puedo sentirme profundamente agradecido con la vida por haber alcanzado metas, por seguirme imponiendo retos, y sobre todo por saber que no estoy enfermo, que el VIH no representa en mi camino un obstáculo. Me siento imparable y ese sentimiento atrae éxito.

El VIH en mi vida significa tomar unas pastillas día a día, mis pastillas se encargan de mantener indetectable el virus en mi sangre, pero el resto depende de mí, de mantener las ganas por trabajar, por amar, por desear. Y todo esto resumido, al hacer una reflexión, significa demasiado…

Demasiado, en el sentido del esfuerzo: creo que he estado íntimamente enamorado de mí mismo durante estos años, que no he tenido tiempo para sentir tristeza o dolor por vivir con VIH, y fue por eso que cuando vi “Pedro” me cayó de peso el drama de las historias de vida de las personas que no tuvieron la oportunidad de vivir como lo hacemos hoy los seropositivos. Sinceramente eso me dolió. No soy filántropo, pero el pasado de la gente con mi misma condición no me puede ser indiferente. Al pensar en ellos siento tanta tristeza e incluso un dejo de vergüenza por ser un seropositivo que vive de forma positiva, sin dejarme amedrentar, por tener una salud noble, por ser aceptado y respaldado por mi familia y mis amigos.

En el lado negro de la historia de todas las personas que vivimos con el virus, sigue existiendo un drama que repercute directamente en nuestras historias de vida. Tristemente, la gente sigue juzgando que somos culpables de nuestra condición con VIH, quitándonos nuestra humanidad para convertirnos en símbolos de promiscuidad, enfermedad y penitencia. Para muchos es imposible entender que el VIH no es una enfermedad, la misma idea les parece ridícula. Y luego está el hecho del sexo mismo, cuántas limitantes morales existen en torno a las relaciones de los seropositivos: nos piden vivir en celibato, pero un 99 por ciento de esas personas en su vida se han realizado una prueba de detección.

Hay un sector de la comunidad gay seronegativa que considera que el hombre con VIH debe dejar de tener relaciones sexuales a costa de sus deseos y necesidades, e hipócritamente se nos hace responsable de las nuevas transmisiones, imponiendo en nuestra figura la responsabilidad única de cuidar al otro de no adquirir el virus, dejando de lado, ignorando, la responsabilidad individual de protegerse a sí mismo. La comunidad de hombres gay coge hoy más que nunca, con condón y a pelo. El hombre gay es apelero de closet pero serofóbico declarado. Me pregunto qué está haciendo la comunidad gay seronegativa para frenar el odio, además de seguir asegurando que esto de vivir con VIH  “te lo mereces por puto”.

Hay un alto grado de homofobia y serofobia en México. Sólo leer los comentarios que se hacen en las notas periodísticas que hablan del tema, me hace darme cuenta del poco conocimiento que se tiene sobre el VIH y lo negativo que esto significa. La gente es cruel y se siente con el derecho supremo de menospreciarnos. Los medios de difusión masiva por su parte han hecho poco para acabar con el estigma, en cambio siguen institucionalizándolo al hablar de personas que “contagian el sida”, al tratar el sida como peste, al no saber las notables diferencias entre VIH y sida. “Pedro” sirve para retratar los avances y los retrocesos de ese fenómeno en nuestra sociedad. En México puede decirse que el trabajo está hecho a medias.

En este lado oscuro y traumático, sigo teniendo miedo a encontrar pareja por la ansiedad que me provoca el hecho de ser rechazado y expuesto. O la de perder un trabajo por revelar mi estatus. O la de ser razón de burla. Agradezco no haberme topado con estas situaciones, pero sé que no estoy libre de algún día llegar a padecerlas.


En conclusión, mi vida con VIH en estos dos años ha tenido cosas buenas. No puedo decir que hayan ocurrido cosas malas. ¿Está mal que piense que soy afortunado? ¿Estaré siendo demasiado ególatra? ¿Estaré haciendo mal al vivir una vida común como el resto de la sociedad? Quiero creer que no a ninguna de estas preguntas. Me aferro a la idea de que el VIH no es ni será nunca una condicionante para celebrar la vida. Mi vihda.

Pedro Zamora
1972-1994

EL FETICHISMO DE LA LLUVIA DORADA

Ya he hablado anteriormente del tema de los fetiches y las fantasías sexuales, de hecho, es una de las entradas más visitadas en este blog. El sexo vende y como hombres no hay nada a lo que demos más vueltas en nuestras cabezas. Últimamente he visto los patrones de búsqueda por los que la gente llega a San Queer Potosí, y Google resalta el tema del fetichismo de pies, el sexo con mayates y chacales y la lluvia dorada. De los dos primeros temas ya hay entradas anteriores, pero el fetiche del golden shower nunca lo había tratado. Aprovechando que es tendencia ofrezco el espacio para el siguiente artículo.

Alguna vez un amigo me preguntaba cuál creía yo que era el morbo de la lluvia dorada, ¿qué era lo excitante de ser orinado o tomar la orina de otra persona? Antes de responderle “por placer”, me detuve a pensar con detenimiento y al final, mi reflexión más certera fue “por el placer de la humillación”. Creo que el fetiche de la orina va más allá de satisfacer un deseo de erotismo propio, tal como el acto de masturbarse y correrse o el del dolor y el placer que representa para el pasivo el hecho de ser penetrado. En el caso de la lluvia dorada, el receptor se excita por la simple idea de quebrantar un tabú al erotizarse con una sustancia de desecho del cuerpo de su pareja; desde el otro lado, el que da u orina, se excita al crear de una sustancia que deshecha un instrumento de poder sobre el otro, la marca de territorialidad y el sobajamiento momentáneo de su pareja. Tiene mucho que ver con el juego de rol del amo y el esclavo, en el que el primero tiene el derecho sexual y psicológico sobre el otro. Y aunque no hay sadismo de por medio ―si es que no se ha dispuesto en las reglas del juego―, el rol del receptor queda sujeto al deseo abusivo del otro.

¿ES UN JUEGO BONDAGE/SADOMASOQUISTA?
El placer del fetichismo de la orina puede considerarse parte del BSDM sin que necesariamente haya toda la parafernalia de la disciplina o la adición de instrumentos, espacios o códigos de vestimenta. Cualquier pareja puede prestarse a la dominación/sumisión para practicar la lluvia dorada. Sólo hace falta abrir la mente y dejar de ver la orina como un líquido de desecho de nuestros cuerpos. Después de todo, la orina sale por el mismo orificio que el hombre eyacula.

CON QUIÉN HACERLO
Si has estado pensando en practicarla, siempre hay que tener en cuenta que es un fetiche, y que no todas las personas están abiertas a experimentarlo, o sencillamente la excitación que a ti te produce, a ellos les puede repugnar. Por tanto, siempre hay que buscar a la pareja adecuada, ya sea entablando una charla previa en la que puedas analizar cuáles son los gustos del otro y si hay una puerta de entrada a la lluvia dorada. Si ves rechazo desde un principio a prácticas fuera del sexo convencional, es mejor no sugerirlo.

Las redes sociales se prestan para hablar de estos temas con mayor libertad, gracias al escudo que nos proporciona estar detrás de un monitor, y no frente a frente. Ya sea que te crees un perfil especial en alguna app o red social buscando directamente experimentarlo, o conocer un grupo de personas que toquen estos temas sin vergüenza o miedo, tienes la oportunidad de encontrar al adecuado. Siempre deja claro cuál es el papel que te gusta desempeñar: receptor o dador, también cabe la versatilidad.

ANTES DE
El fetiche de la lluvia dorada dispone de una variedad de modus operandi. Como cualquier acto de experimentación, siempre se empieza por uno mismo. No es que sea una regla, pero sería bueno que antes de vivirlo con otra persona, tengas la oportunidad de experimentarlo personalmente. Esto te permitirá resolver algunas dudas, como si verdaderamente este es tu fetiche por las cuestiones del sabor de la orina o el papel que quieres desempeñar al dar o recibir.

CÓMO HACERLO
Llevando el golden shower a la práctica con otra persona, el que orina puede hacerlo directamente sobre tu cuerpo. Si se practica dentro de una relación BDSM, el amo elige donde, si es una práctica cualquiera tú le sugieres el lugar. Puede orinar en tu boca, y nuevamente, dependiendo de las reglas que hayan impuesto previamente, la bebes o la escupes. Puede orinarte en el rostro, rociar tu pecho o cubrir todo tu cuerpo. Puede orinar en tus nalgas o ano, o en tus senos si eres chica trans. Pueden hacerlo en una regadera, en la tina, en el vapor, en un jardín, etc. Y lo mejor de esto es que no hace falta relacionar los roles de activo y pasivo en la práctica del golden shower, tanto el pasivo puede ser dador como el activo receptor. Recuerda que vivir un fetichismo no tiene que sujetarse forzosamente a los patrones del sexo convencional.

¿ES SEGURO?
La lluvia dorada es una práctica segura, considerada de bajo riesgo pues es imposible transmitir el VIH a través de esta sustancia. Las toxinas desechadas en la orina no son tóxicas al consumo humano, y tampoco es que el dador vaya a orinar cinco litros de una vez.  Eso sí, no significa que no se pueda adquirir alguna otra enfermedad bacteriana. Antes de llevar a cabo esta fantasía sexual deben tomarse ciertas precauciones, primordialmente no realizarla si se sufre de alguna infección en las vías urinarias o existe alguna afección en la uretra por la existencia de un virus o una bacteria. También, hay que prever aseo adecuado del pene. Además, hay que considerar realizar la práctica con una persona que no haya bebido alcohol o consumido medicina o alguna droga durante las últimas 12 horas. No es que beber la orina de una persona dopada te vaya a poner en su mismo estado, sino que beber esa orina conllevará beber un líquido de sabor desagradable, con mal olor y plagado de químicos.

PRECAUCIONES

Un plus es tomar solamente agua horas antes del juego. No jugos, no refrescos, no bebidas con alcohol, no bebidas energéticas. Es simple, todas las anteriores producirán un sabor y coloración intensos en la orina que podría echar a perder toda la experiencia. Una precaución posterior al encuentro, para quien ha bebido orina, es tomar agua para provocar que el cuerpo deseche lo ingerido luego de pocas horas. 

CINE: LOS HÉROES DEL MAL (2015)


El primer día de clase, Aritz (Jorge Clemente) intenta congeniar con una chica del grupo, resultando su intento de flirteo en un rechazo rotundo y un posterior altercado contra un compañero del grupo. A su defensa salta Esteban (Emilio Palacios), quien evita que Aritz sea apaleado, pero no humillado. Para colmo de Artiz, la buena fe de Esteban le viene mal, porque aquel primer día es precisamente la única oportunidad que tienen los muchachos de la escuela para ganar una posición entre castas. Aritz ha sido siempre un tipo solitario e inadaptado que intenta dejar de serlo. Esteban, por su parte, parece el tío listo y con agallas. Quizá la primera impresión sea el agua y el aceite, pero contra cualquier suposición, lo que surge es una amistad pura. Hasta la llegada de Sara (Beatriz Medina), una chica de carácter masculino que viene a completar el trío de los héroes del mal que entra a los supermercados para robar cerveza, desafía y ataca a los profesores o que corre por las calles en busca de venganza contra el bullie de la escuela. Al madurar su fortaleza emocional, crece un sentimiento de superioridad gracias al que pueden hacer todo a costa del mundo de los adultos. Aritz, Esteban y Sara experimentan más allá del alcohol, las drogas y el sexo. Cada uno a su manera mantiene una batalla interna y estas emociones parecen desahogarse a través de su compañía, pero esta misma se va haciendo difícil cuando Aritz siente que Sara se interpone en su amistad con Esteban. Hay sentimientos de ira, de celos. Aritz es acosado por su propia soledad y un pensamiento destructivo que lo hace sentirse continuamente rechazado. Piensa en el suicidio y su ira se desata, al nivel de llevar a Esteban y a Sara a optar por la distancia. Al final, los sentimientos homoeróticos que Aritz ha sentido desde un principio hacia Esteban parecen obvios, pero no desembocan, no maduran, la soledad lo destruye todo y doblega al trío entre el dolor y la muerte.

El madrileño Zoé Berriatúa (1978) escribió y dirigió en 2015 este drama que aborda de forma cruda la relación entre la juventud, el bullying, el sexo, las drogas y la depresión, un caldo bien preparado que resulta en una obra hecha para mantener al espectador en la butaca, revolviéndose los sesos entre sentimientos confusos que pueden ir desde un dejo de inquietud, al relacionar los primeros 30 minutos de la película con una historia superflua, característica de las películas de la vida de adolescentes frustrados entre el despertar sexual y el adolecer en un mundo realista donde todo parece estar dispuesto en su contra. Pero también, se revuelve el estómago junto al seso cuando, más allá del minuto 30, comenzamos a ver la historia de tres muchachos inmersos en una problemática de mayor relevancia, donde la violencia y los sentimientos de abandono cuecen una historia que resulta incómoda a la digestión. Y eso, les aseguro, no es malo.

El casting de Los Héroes del Mal me ha gustado por un detalle especial: pocas veces podemos ver cintas en las que los protagonistas y los personajes del medio nos sean tan próximos en la medida estética. No tenemos a chicos de treinta años intentando ser estudiantes de preparatoria. No tenemos tampoco a modelos de revista, sino a personas que necesitan poco maquillaje. Basta echar un vistazo a las escenas que suceden en el aula: un puñado de rostros de chicos y chicas comunes, corrientes, con una belleza ibérica tácita que no necesita exagerarse o disfrazarse para hacernos la película grata a la vista. Además, el soundtrack satisface al oído de una forma curiosa, la mayor parte del tiempo escuchamos acordes de música clásica que se combinan de una forma poco común el trío de adolescentes. Podríamos más bien esperar de fondo una tonada de rock o metal, en cambio, nos dan cucharadas de elegancia en medio de la violencia. El resultado podría ser chocante para algunos, pero a mí me ha resultado bueno.

Recomiendo Los Héroes del Mal porque logra provocar incomodidad en la psique. Pasamos del odio a la conmiseración por Aritz, un personaje de la sociopatía millenial que solemos criticar ensañadamente, creyéndonos jueces de la conducta, sin pensar directamente en los efectos que el desmembramiento social hace a las nuevas juventudes.

Aunque poco ligada a ser una película LGBT, ofrece un espacio breve para reflexionar lo crudo que puede ser cuando la soledad, la adolescencia y la sexualidad cruzan los caminos, intentando no estrellarse, intentando no causar demasiado daño. 


GAYS: MACHISTAS, CLASISTAS Y A DIETA



Me cansé de Grindr y los constantes estereotipos humanos a los que debemos apegarnos para ser galanes. Me cansé de no dar el ancho, el alto, el peso, los centímetros, el acento, la tes y hasta el posgrado. Me cansé de hablar con unos pectorales marcados y una verga de 19. Me cansé de mí mismo, de quererme y de aceptarme como soy. Me cansé de lamentarme por lo que nunca seré. Me cansé y tuve que mandar al carajo las citas por grindr, los mensajes pretenciosos, las divas, los machos, los esteroides y los millenials. Al final, el ambiente grindero terminó asqueándome.

Vivimos en un mundo comandado por la doble moral, repitiendo los errores contra los que “luchamos” en las marchas o en las discusiones en las que defendemos nuestros derechos como personas. En el ligue homosexual pervive una carnicería banal que termina reduciendo nuestra lucha, haciéndola absurda.


Mi experiencia en Grindr me ha formado la idea de que a los hombres gays nunca habrá quien nos dé gusto. En nuestra cabeza se ha grabado con hierro ardiente el patrón de la sensualidad y la masculinidad con el rostro de un modelo europeo al que difícilmente le llegamos el 80 % de los chicos en este país. Por si fuera poco, la guerra contra todo aquel que se comporta de forma “no masculina” se ha hecho corriente dentro de la misma comunidad. Está muy mal cuando un heterosexual te llama marica o puto. Pero es plausible y encantador cuando eres gay masculino y llamas loca o marica a otro gay por su comportamiento, su cuerpo o sus ideas.


Cada vez que leo “preferiría acostarme con una mujer antes que con un afeminado” intento imaginar si ese macho en potencia en verdad tiene la capacidad para hacer válidas sus palabras. Porque, si eres gay, ninguna mujer va a poder ofrecerte en la cama lo que un hombre. Es un pretexto absurdo que usamos con el único fin de agraviar y de demostrar nuestra homofobia interna.


Según nos han enseñado, la virilidad está enmarcada en la voz gruesa, la musculatura, el vello corporal, la forma de vestir, de hablar, los gustos, todo aquello que nos hace diferenciarnos de una mujer. Y entiendo también que estos conceptos construyen el erotismo del chico varonil. Yo mismo, al pensar en un hombre, busco lo “rudo” o lo “tosco”. Pero eso no me da derecho para considerar que lo que está por debajo tenga poco valor, poco atractivo o que deje de ser sensual.


Quiero dejar claro que este no es un discurso para abrir la mente de los homosexuales e inducirlos a que duerman con todo el que se les pone en frente. Hablo del poco respeto que existe entre nosotros provocado por la tendencia y la moda, por la ansiedad del físico perfecto, de la virilidad intachable.


Del mismo modo está la edad. Están los chavos, los chavo-rucos y los rucos. Los primeros repudian a los hombre maduros porque ¿a quién se le ocurriría pensar que un cuarentón sigue teniendo deseo sexual? Los segundos no quieren ser niñeras. Los últimos pasan de largo a otros hombres en su rango de edad, porque “me niego a crecer, me niego a aceptar que el cuerpo de mi semejante es igual de erótico que el del chavito de prepa”. ¿En serio?


Y sin lugar para la ausencia, no puede faltar el peso. ¿Cuántos chicos no han sido rechazados por los kilos que muestra la báscula? A veces no se trata sólo del sobre peso, sino del bajo peso. Los muy flacos y los muy gordos han de ser descartados del menú porque no están construidos ¡bajo estándares de “sanidad”!



Me quedó corto al enmarcar lo indeseables que nos hemos vuelto con el tiempo todos aquellos que formamos parte de la comunidad homosexual. ¿Alguna vez te has encontrado con perfiles clasistas? No bueno, como si te fueras a acostar con mi cartera... 

Nuestras relaciones están condicionadas de forma superflua. Tarde o temprano todo esto terminará por envenenarnos de soledad. Y sin embargo, bendito Grindr, te permites saber con quién no deseas relacionarte para el resto de tus días... La cama es otra cosa. Pero ¿estás seguro que darás el ancho a las exigencias del que está al otro lado del celular?